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Imágenes a deshoras: una muestra colectiva de ilustraciones

Del 15 de julio al 15 de septiembre podrá verse en la Galería Circular de Allariz (Ourense) una muestra que recoge una selección de las ilustraciones que forman parte de los libros de Adeshoras, tanto de las cubiertas como del interior, que se han publicado desde los inicios de la editorial en octubre de 2012.   

 

Para esta muestra se han recopilado 33 ilustraciones, al menos una por cada uno de los ilustradores que colaboran con la editorial: Ariadna Acosta, Pepe Amate, Anamusma, Inés Beckmann, Raquel Boucher, Lola Castillo, Raquel Catalina, José Ángel F. Colón, Raquel F. Sáez, Fernando Ferro, Norberto Fuentes, Carlos Gonçalves, Juan Carlos Hidalgo, Jaime Jacynycz, Mimi Munné y Soledad Velasco. Las técnicas utilizadas para diseñar las ilustraciones han sido muy variadas, desde tinta, acuarela o pincel a grabado calcográfico, cera fundida, grafiti urbano o xilografía  iluminada, entre otras técnicas.

De cada ilustración el grabador Erik Kirksaether (www.tallerdelasvistillas.es) ha realizado una serie limitada de cuatro copias en alta resolución y en formato A4 que podrán adquirirse junto con un ejemplar del libro. 

Uno de los artistas que más ha aportado a esta muestra y a crear la imagen visual de la editorial es el ilustrador y grabador Fernando Ferro. De Ferro es el texto que reproducimos a continuación y que forma parte del catálogo de la exposición. 

 

Escribir y dibujar, oficios de vagabunos

Por Fernando Ferro, Vallekas Junio de 2017

 

Desde tiempos remotos en Occidente la edición de libros con ilustraciones era cosa corriente, dentro de lo excepcional que era editar libros. Cuando el gran Gutenberg  en el Renacimiento universalizó el uso de la imprenta de tipos móviles, siempre acompañaba los textos con grabados adecuados  a la temática tratada. Con ello conseguía arrojar luz sobre algún pasaje oscuro de lo escrito y  hacía más apetecible el libro desde el punto de vista comercial. Yendo más atrás, los monjes copistas  por ejemplo,  en el scriptorium de la iglesia románica de Tábara, iluminaban las letras capitales que daban inicio a un capítulo o ilustraban a página completa y hasta doble lo que el editor, el abad del monasterio, consideraba oportuno.  En un espacio próximo, pero en un tiempo aún más remoto,  los escribas egipcios utilizaban imágenes para escribir, aún no se había inventado la trascripción gráfica de los sonidos, la palabra escrita,  o sí. Porque ya utilizaban la escritura cuneiforme, tan bella y evocadora, los ilustrados del Oriente Fértil. En el Extremo Oriente, China, Japón, Corea y demás,  la escritura con ideogramas, desde siempre,  tuvo y tiene tanto valor en lo funcional, lo estrictamente comunicativo, como en lo estético-expresivo. Aquí hay un aspecto concreto muy destacable: en Occidente el descubrimiento de la individualidad del artista viene del Romanticismo, principios del siglo XIX, mientras que los sinólogos saben perfectamente que éste era un rasgo central de la cultura oriental, la caligrafía definía a un individuo único e irrepetible.

 

 

Pronto se cumplen cinco años desde que  la editora Susana Noeda, a través de su sello Adeshoras, trata de hacer bailar al mismo son lo escrito y lo dibujado. El resultado puede que no sea homogéneo, hay parejas de baile que funcionan mejor unas que otras, pero de todas las apuestas sugeridas ninguna ha sido un fiasco y algunas han conseguido un clima de colaboración bastante excitante. Ha hecho un recorrido por toda la geografía del Estado Español desde Canarias hasta Galicia, sin olvidar Andalucía ni Euskadi  y desde Cuenca hasta Barcelona, pasando por Ciempozuelos y Zaragoza. La mayoría de las ilustradoras son jóvenes, brillantes y rompedoras, y la mayoría de los escritores ya van para mayores, son cordiales  y viven ensimismados. Las técnicas gráficas van desde lo más elemental, tinta y pincel en papel hecho a mano, tratando los asuntos  con rústica sencillez, hasta montajes fotográficos elaborados con sofisticada finura conceptual y técnicas digitales. Entre un extremo y otro, multitud de soluciones originales ante demandas dispares, fotografía dibujada, grabado calcográfico, cera fundida, grafiti urbano, xilografía  iluminada, y todo cuanto gustéis.  El generoso esfuerzo de las ilustradoras y de los ilustradores siempre orientado a hacer más complejo y comprensible el inventario de poemas, cuentos y novelas que pasan por sus manos y su despierta inteligencia. A veces con conflictos, pues claro.

Si fuera el momento de hacer recuento de cotas conquistadas y de los muertos  y heridos que se sacrificaron por lograrlas, el balance sería muy positivo. Aunque los muertos y mutilados nunca están conformes en estos balances. En fin, que los oficios de escritores y dibujantes siempre llevan al camino, unos como viajeros afortunados y otros como humildes vagabundos, pero todos con una estrella en la frente como bien sabía el Maestro Valle-Inclán.